Ha sido una semana de locos.
El viernes en la tarde llegó Marabunta, es decir Paco, el hermano de La Lich, con su montón. Son la versión mini de los Brady Bunch pero hacen el mismo ruido, ja. Cory, Paco, Paquito (que todavía se quedó hasta el lunes), Cay y Ari llegaron y me tuvieron sentada en el piso jugando con ellos a armar un corralito y a jugar con los vaqueros. Algo así como la versión vaquera de una pista de carreras. Muy entretenido el asunto.
El pelón ya se había cansado de tanta gente y se durmió. Muy listo el muchacho. En algún momento decidimos irnos a dormir porque el sábado pintaba largo: Pichi Cantú, mejor conocida por estas tierras como la Abuela Normal, junto con Karen –mi sobrina de 12 años- y Daniela –la prima de Karen, de 15- amanecían en Guadalajara.
El sábado Diane nos levantó temprano y nos fuimos a desayunar junto con Marabunta y los Vaca que, Pelón y visita incluidas, llegaron después que Ata y yo, que íbamos juntas.
Ha sido mucho ajetreo desde que llegaron. Ese mismo sábado en la tarde Marabunta se regresó a su casa con un integrante menos; Paquito de repe se queda por acá, con las tías, pero aunque se ve grandote porque es muy alto, el cachetón ‘ta chiquito todavía –apenas tiene 10- y no se convence de quedarse por acá. Más bien, ahora se da cuenta porque cuando tenía 4 se fue a Tampico solito con Alicia y se la pasó súper bien. Ni se acordó que tenía madre el werco.
Cabe señalar que el par de monas que ahora mismo están en calidad de bulto en mi recámara traían la instrucción de irse con su tío Paco a Autlán tan pronto llegaran. La orden iba algo así como “desayunan y se van con su tío Paco”. Sobra decir que la orden fue totalmente ignorada e incumplida. Yo solo dije, mientras dábamos la vuelta por un mall, que no se tenían que ir si no querían, que el lunes se iba Fer, el miércoles Alicia, el jueves Diane y el sábado yo. Entonces por ride, no había problema. El papá no había dado permiso pero pues están bien cuidadas y, hasta ayer, estaba su abuela por aquí todavía. Además, ya cuando Alfredo (que es el papá de Karen) supo que estaban aquí y que estaban conmigo, no tuvo objeción alguna. En conclusión: aquí sigue el par de wercas. El mismo domingo le dijeron a su abuela que se quedaban conmigo porque yo era la más loca (¿¿de qué hablan??)
El sábado nos fuimos al cine después de comer en mi casa con toda la familia: una carnita asada muy al estilo de cómo se acostumbra en el norte –“‘tons ¿qué vamos a comer? Ya’stá, cáiganle a la carnita asada a la casa”-; el domingo a comer y de compras; el lunes anduvieron del tingo al tango conmigo y al final, cerramos con Batman en sala Imax (estamos todas enamoradas. Definitivo). El martes… madres… no me acuerdo qué hicimos el martes… ah! Ya. Llevamos a la abuela normal a casa de una amiga y de ahí nos fuimos a comer. Regresamos a mi oficina porque yo todavía tenía pendientes, ellas se pusieron guapas y luego nos fuimos de compras (sí, otra vez) porque Danny no tenía comedor y pues era un asunto que debíamos resolver. Mi tía nos alcanzó ahí (se le acabó el 20 bien temprano, jaja) y Danny, Ale y ella se fueron a jugar al Twin Lions –el casino ese nuevo- y las niñas y yo fuimos a rentar un par de películas y a visitar al Chino, el taquero, porque ya teníamos falta.
Platicamos un ratito, pj’s on, movie on y como a los 15 minutos, Karen decidió ver la película con las pompas, es decir, se abrazó de Morfeo y no lo soltó.
Ayer Ale se tomó el día y anduvo con nosotras. Fuimos al súper, regresamos a hacer de comer, me metí a una reunión Web y me perdieron un buen rato. A eso de las 6 llegó la Lich por la abuela para llevársela a Autlán. El domingo habíamos decidido hacer intercambio de abuelas: la mía se iba a casa de la Lich y la de Karen se quedaba con nosotros, jeje. Fue un buen trueque.
Como dije, mañana llega otro montón de gente y el sábado nos vamos a Melaque. El domingo es el bautizo y el lunes regresamos a la actividad regular. Rober se queda unas cuantas semanas, Yleni ya mandó itinerario y aterriza aquí el próximo viernes. El jefe viene la semana siguiente así que eso de que las cosas vuelven a la ‘normalidad’ es solo un decir. Mabis no viene al bautizo: está limitada por la vida, dice ella. Yo digo que lo que la ‘limita’ es una panzota de casi 7 meses pero igual ya la quiero ver.
… este par de monas que no amanece y yo con tantas cosas que hacer…